Disfunción temporomandibular

Disfunción temporomandibular

¿Cuando te despiertas por la mañana te duele la mandíbula?
¿Sientes dolor u oyes ruidos al abrir la boca, comer o bostezar?
¿Tienes dolor de cabeza o de cuello con cierta frecuencia?
¿Tienes los bordes de los dientes rotos o desgastados?

Si la respuesta es afirmativa, es posible que estemos ante un cuadro de disfunción temporomandibular.

La articulación temporomandibular está situada justo delante del oído, y es el punto de unión de la mandíbula con el cráneo. Es una articulación compleja, y es necesario realizar una exhaustiva exploración para detectar qué estructuras están afectadas y poder realizar el tratamiento adecuado.
Los trastornos de esta articulación pueden causar dolor de oídos y mandíbula, ruidos o chasquidos al abrir o cerrar la boca, dolores de cabeza , limitación o imposibilidad de realizar movimientos de apertura y cierre y en algunos casos incluso ruidos en el oído (tinnnitus). También puede cursar con dolores referidos desde este punto a otras áreas, como la sien, el lateral de la cabeza, pómulo, etc…
Uno de los cuadros más frecuentes es el dolor de origen muscular, por sobrecarga y mala función del sistema masticatorio, como ocurre con los pacientes que aprietan o rechinan sus dientes.
El bruxismo, consiste en el apretamiento o rechinamiento de los dientes, generalmente de forma inconsciente, tanto de día como de noche, y puede ocasionar lesiones a nivel dentario, muscular y articular.

El tratamiento del bruxismo requiere intervención a 3 niveles: oclusal, farmacológico y psicológico.
A nivel oclusal, la colocación de férulas interdentales es el tratamiento más frecuente para evitar el desgaste dentario. No obstante, hay que ser cautelosos en este aspecto, puesto que existen diferentes clases de férulas, y algunas pueden agravar el cuadro más que beneficiar al paciente. La elección del tipo de férula debe de ser meticulosa y personalizada, teniendo en cuenta las características individuales del paciente, y debe revisarse y ajustarse periódicamente por parte del profesional.
El tratamiento farmacológico se reserva para casos severos o durante un brote agudo de dolor o disfunción.
No hay que olvidar el enfoque psicológico puesto que ayuda a ser consciente de la presencia del hábito (especialmente durante el día) y reducir los niveles de estrés emocional del paciente.

La detección y el diagnostico precoz es fundamental, puesto que la mayoría de los trastornos se pueden controlar con medios conservadores (no invasivos y no quirúrgicos) consiguiendo una mejoría importante de la calidad de vida de los pacientes.